Si alguien dice “mi novio” en las redes sociales, normalmente los silencio y activo el "mute" a sus publicaciones. No hay nada que odie más que seguir a alguien por diversión y que de repente su contenido se convierta en “mi novio” cada 5 minutos.
Esto se debe probablemente a que, durante mucho tiempo, parecía que vivíamos en lo que una de mis escritoras favoritas llama “Boyfriend Land”: un mundo en el que las identidades online de las mujeres giraban en torno a las vidas de sus parejas, una situación que rara vez se mostraba en sentido contrario (hombres devotos a sus novias).
Las mujeres eran recompensadas por su habilidad para encontrar y mantener a un hombre a su lado, con un estatus social elevado y una vida curada. La situación se volvía aún más asfixiante cuando esto podía aprovecharse en las redes sociales para llevar la relación al siguiente nivel y, si se iba lo suficientemente en serio, incluso obtener beneficios económicos a partir de tener una pareja.
Sin embargo, más recientemente, se ha producido un cambio evidente en la forma en que la gente muestra sus relaciones en Internet: lejos de lanzarse de lleno a las parejas románticas, las mujeres heterosexuales optan por señales más sutiles: una mano en una palanca de cambios en el coche, el chocar de copas en una cena o la espalda de alguien. En el extremo, tenemos rostros difuminados en las fotos de boda o videos enteros editados por profesionales con el prometido convenientemente recortado de todas las tomas. Las mujeres ocultan la cara de sus parejas cuando publican fotos, como si quisieran borrar el hecho de que existen, pero sin dejar de publicarlas.
Entonces, ¿qué pasa? ¿Ahora la gente se avergüenza de sus novios? ¿O está pasando algo más complicado? A mí me da la sensación de que las mujeres quieren estar entre dos mundos: uno en el que puedan recibir los beneficios sociales de tener pareja, pero también en el que no parezcan tan obsesionadas con sus novios que parezcan culturalmente unas perdedoras o den cringe. “Quieren el premio y la celebración de tener pareja, pero entienden la normalidad”, dice Zoé Samudzi, escritora y activista. En otras palabras, en una época de heterofatalismo generalizado, las mujeres no quieren que se las vea como si sólo se ocuparan de su hombre, pero también quieren la influencia que conlleva estar en pareja.
Pero no todo es cuestión de imagen. Cuando hice un llamado en Instagram a mis 65,000 seguidores, muchas mujeres me dijeron que, de hecho, eran supersticiosas. Algunas temían el “mal de ojo”, la creencia de que sus relaciones felices desencadenarían unos celos tan fuertes en otras personas que podrían acabar con la relación.
A otros les preocupaba que su relación se acabara y luego se quedaran con el vacío. “Tuve una relación durante 12 años y ni una sola vez lo publiqué o hablé de él en Internet. Hace poco rompimos y no creo que vuelva a publicar a ningún hombre en el futuro”, dice Nikki, de 38 años. “Aunque soy una romántica, creo que los hombres te avergonzarán incluso después de 12 años, así que hablar de ellos me parece una tontería”.
Pero tanto las solteras como las que tenían pareja tenían la abrumadora sensación de que, independientemente de la relación, estar con un hombre era algo casi culpable. En el podcast “Diarios Delirantes” liderado por dos influencers neoyorquinas, Halley y Jaz, debaten sobre si tener novio es vergonzoso ahora. “¿Por qué tener novio se siente como si fueras del partido conservador?”, rezaba uno de los comentarios más leídos, con 12,000 likes. “Los novios están pasados de moda. No volverán a estar de moda hasta que empiecen a actuar bien”, rezaba otro, con 10,000 likes. En esencia, “tener novio suele acabar con el aura de una mujer”, como afirmaba una fan del podcast. Curiosamente, estas dos presentadoras tienen pareja, algo que veo a menudo en Internet. Incluso las mujeres que tienen pareja se lamentan de los hombres y de la heterosexualidad, en parte por solidaridad con otras mujeres, pero también porque ahora no está nada bien ser una chica con novio.
No se trata sólo de la imaginación de estas mujeres: el público se indigna al ver demasiados contenidos de novios, yo incluida al parecer (como indica mi uso liberal del botón para silenciar). Cuando la escritora y colaboradora de Vogue, Stephanie Yeboah, publicó a su novio a las redes sociales, perdió cientos de seguidores. “Aunque siguiéramos juntos, no las publicaría aquí. Hoy en día, publicar constantemente fotos de tu pareja tiene algo de cringe y vergonzoso”, me dice, y explicaba que había una parte de ella “que también se sentía culpable por compartirlas constantemente, sobre todo cuando sabemos que el panorama de las primeras citas es una porquería en estos momentos. No me gusta ahora presumir ante las demás”.
Sophie Milner, creadora de contenidos, también experimentó que la gente le dejara de seguir cuando compartía detalles de su relación romántica. “Este verano, un chico me llevó a Sicilia. Lo publiqué en mi sección de suscriptores y la gente me contestó diciendo cosas como ‘¡por favor, no me muestres a tu novio!’”. Ella admite que sus contenidos quizá resulten menos excitantes cuando tienes pareja. “Estar soltera te da la máxima libertad para decir y hacer lo que quieras. No le pasa a todas las mujeres, pero me he dado cuenta de que cuando estamos en una relación nos volvemos más beige y más aburridas en Internet, yo incluida”.
De mis conversaciones, una cosa es cierta: el guion está cambiando. Estar en pareja ya no afirma tu feminidad; ya no se considera un logro y, si acaso, se ha convertido en un atributo declararse soltera. Como mujeres heterosexuales, nos enfrentamos a algo con lo que cualquier otra sexualidad ha tenido que lidiar: la politización de nuestra identidad.
Durante mucho tiempo, la heterosexualidad ha sido intencionadamente indefinible, por lo que resulta más difícil de criticar a quienes están dentro y fuera de ella. Sin embargo, a medida que nuestros roles tradicionales empiezan a desmoronarse, quizá nos veamos obligados a reevaluar nuestra lealtad ciega a la heterosexualidad.
Obviamente, no hay que avergonzarse de enamorarse. Pero tampoco hay que avergonzarse de intentar encontrar una pareja y fracasar, o de no intentarlo en absoluto. Y mientras nos replanteemos y critiquemos abiertamente la heteronormatividad, “tener novio” seguirá siendo un concepto algo frágil o incluso polémico en la vida pública.