A los que tenemos más experiencia en aquello de que “se nos suba el muerto” sabemos de memoria que se trata de una parálisis del sueño, algo que te da cuando despiertas durante la fase REM, antes de recuperar el tono muscular. A mí me ocurre a menudo, y me ha sucedió de tantas maneras que parece no sorprenderme nada más, hasta que conocí las escalofriantes historias de otras víctimas de estos letargos.
Antes que nada, si nunca te ha sucedido debes saber que: muchas personas experimentamos (además) alucinaciones, en las que algunas imágenes de nuestros sueños se sobreponen en lo que alcanzamos a ver de nuestro entorno real. Es a partir de esta condición que surgen las historias tenebrosas de algunas personas, mismos que creen que estas imágenes son espíritus, fantasmas o muertos.
La mujer gato
La historia más escalofriante que me ha sucedido comenzó así, mi cuerpo paralizado por el sueño, pero yo creía que hacía señales de ayuda a una sombra que veía frente a mí. Estaba segura de que era mi prima, pero cuando entendí que la sombra no me ayudaba comencé a caer en cuenta de que tenía una forma gatuna y de mujer. Sus orejas se movían sin ayudarme.
Antonia
El hombre más alto
Una vez estaba dormida y empecé a sentir mucha pesadez en mi cuerpo, lo primero que hice fue abrir los ojos y ver la ventana enorme que estaba en mi recámara. Cuando giré mi cabeza hacia el lado derecho vi que había un hombre muy alto; tanto que tocaba el techo, en una esquina. No pude despertarme hasta que pasaron varios minutos.
Adriana
Un cuerpo poseído
Sí, me ha sucedido tantas veces que llegué a desarrollar un poder sobrenatural. Mientras me ocurre un episodio de parálisis de sueño, una parte de mi cuerpo, generalmente le pierna y los dedos de un solo lado, es capaz de moverse alertando a quienes me rodean que no puedo mover el resto del cuerpo. He llegado a pensar incluso que, algún día, podre mover involuntariamente todo mi cuerpo durante la parálisis, y que, sin embargo, no seré yo quien posea el control. ¿El muerto quizá?
Carla
Los niños de Argentina
Estaba en Argentina de vacaciones con unas amigas, una de ellas nos hospedó en su casa. Desde hacía tiempo la casa estaba deshabitada, a veces se rentaba, a veces no. Todo parecía de maravilla en aquella casona enorme, en un país nuevo para mí, hasta la última noche (y menos mal que fue la última). Me quedé dormida y de pronto ¡paf!, me dio uno de esos momentos en que no puedes moverte, pero estás despierta. Lo único que escuchaba era el ruido del jardín de la casa, un ruido muy peculiar para las 4 de la mañana. Eran las voces y risas de niños jugando. Cuando logré mover mi cuerpo desperté a mi amiga, quien me dijo que también había escuchado los mismos ruidos infantiles.
María