Cristiano Ronaldo salió al calentamiento en un soleado estadio Luzhniki con un diamante colgado de cada lóbulo de sus orejas y una incipiente barba, como de cabra, que le abarcaba apenas la punta del mentón.
El astro portugués volvió a encandilar, incluso antes del silbatazo inicial del partido. Y procedió a marcar otro gol, su cuarto en el Mundial de Rusia, con lo que Portugal superó 1-0 a Marruecos.
Sin lucir las gemas, Cristiano cabeceó el centro de Joao Moutinho a los cuatro minutos para convertirse en el máximo goleador europeo de la historia a nivel de selecciones, festejándolo con su clásico sprint hacia un córner. Ello bastó para vencer a un tenaz Marruecos y acercar a los campeones de Europa a la siguiente fase.
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