Tanto pediatras como psiquiatras especialistas aseguran que existen pocas cosas que les guste más decir a los padres de familia que su hija o hijo es muy obediente. En los centros educativos, pasa algo similar, se premia a los infantes que acatan órdenes, encargos o deberes sin cuestionarlos.
Aunque estos perfiles son fáciles de encajar tanto en entorno familiar como social, la realidad es que la obediencia o excesiva docilidad no son tan deseables desde el estudio médico y psicológico.
La importancia del punto medio en la educación de los niños
¿Cuál es el perfil más preocupante?
Profesores e investigadores de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya, UOC, han externado que las niñas, los niños y los adolescentes que más preocupan a los psicólogos y pediatras especialistas son los infantes asintomáticos.
Los cuales son aquellos pequeños que nunca cuestionan nada y obedecen a todo.
Es necesario precisar que, asociamos portarse bien con obedecer y portarse mal con desobedecer porque aplicamos en las niñas y en los niños el criterio moral de los adultos. Siendo que los conceptos del bien y el mal no se asocian correctamente en sus mentes hasta los 12 años de edad.
Lo cierto es que y de acuerdo con los especialistas, las pautas educativas excesivamente autoritarias limitan la habilidad de la niña o el niño para ser:
Flexible.
Tener iniciativa.
Pensar.
Desarrollar una capacidad crítica.
Si en realidad, los infantes no logran entender qué es bueno o malo, por qué obedecen y esto es porque lo hacen respondiendo al método de castigo y recompensa.
El Barómetro de Opinión de la Infancia y Adolescencia 2020, 2021, publicado por la Unicef, asegura que una de las principales variables de las niñas y los niños es que hacen las cosas mecánicamente para evitar castigos o para recibir premios.
Así mismo, también lo indica el protocolo de codificación de preocupaciones, es que los adultos mandan.
¿Cuestionarse las normas es, positivo o negativo?
Existen niñas y niños que no obedecen porque se cuestionan la norma y te preguntan. Simplemente no comprenden por qué tiene que ser así y si lo hacen sin agresividad es un buen síntoma de acuerdo con los médicos, psiquiatras y pediatras especialistas.
Los padres de familia deben generar un enfoque basado en:
El diálogo.
Respetar el proceso evolutivo.
Intentar entender qué le pasa al niño.
No centrarse en su enfado, que es la punta del iceberg.
Pensar en qué ha pasado para llegar a ese extremo.
Cuestionarse por qué se salió de control esa situación.
Los expertos recomiendan distinguir entre la obediencia a unas normas para evitar peligros y la obediencia ciega a los patrones impuestos por el adulto.
Por ejemplo, si le pides al menor que pare y no cruce la calle, lo haces para evitar peligros y esto debe de ser explicado.
La niña o el niño que obedece a determinadas imposiciones puede ser más libre porque está más protegido.
Pero el exceso de autoridad por parte de los mayores puede marcar al adulto que será algún día. Más de la mitad de los problemas psicológicos del adulto se inician en la infancia y en la adolescencia.
¿Cuáles son las consecuencias del exceso de control?
Tras la obediencia ciega pueden esconderse problemas graves.
Las niñas y los niños en determinados entornos que, supuestamente sus padres, son muy obedientes. En realidad, lo que hay es miedo y fuera de ese entorno autoritario, en la familia o en la escuela, esos niños muestran una conducta descontrolada.
Cuando se educa en positivo se debe pensar en una pirámide, en la base, los padres refuerzan la autonomía, la comunicación y la gestión de las emociones. Así encuentras herramientas para resolver los conflictos.
Al igual que en el exceso de obediencia, en la desobediencia sistemática a la norma pueden influir distintos factores:
Elementos genéticos y neuropsicológicos.
El estilo educativo familiar por poca supervisión o exceso de control.
El estrés o problemas psicológicos de los adultos.
El entorno social, donde suele darse aprendizaje a través de los modelos que están más presentes.
La desobediencia de la niña o el niño es solamente lo que vemos, pero detrás está la mayor parte: Las causas que lo han motivado.
Los elementos que lo han hecho llegar a ese estado.
Los padres deben actuar como detectives y buscar pistas, reflexionar y responder si ¿Lo han encasillado en el colegio? O si ¿Hay algo que dificulta su bienestar?
¿Cuáles son las señales de alerta del mal comportamiento?
Un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Míchigan analizó los comportamientos en más de 2.000 hermanos gemelos. Los datos revelaron que el hermano que recibió una crianza más exigente mostraba, con excepciones, un comportamiento más antisocial.
En cuanto al mal comportamiento, existen señales de alerta o líneas rojas que no se deben de permitir en un infante. Ante una agresión, desde tirar del pelo o dar patadas al adulto hasta insultarlo cuando son más mayores, siempre hay que ser inflexible.
Entre la obediencia ciega y la desobediencia por sistema, el adulto debe reflexionar sobre los motivos que lo llevan a exigir cumplimiento estricto de las normas a los niños. A veces, los adultos estructuran las cosas o su día a día de forma poco flexible, sobre todo cuando está bajo estrés.
Eso aporta tranquilidad, pero quizá las necesidades de la niña o el niño son distintas, el concepto de mundo infantil es relativamente reciente.
La Convención sobre los Derechos del Niño fue firmada y aceptada por veinte países en 1990, cuando se convirtió en ley. Antes trabajaban incluso en las minas, eran adultos en pequeño.
Un adulto que impone un comportamiento al menor, simplemente no está entendiendo el mundo del niño, le falta comprensión, aseguran los pediatras y psicólogos expertos.
¿Cómo pasar tiempo de calidad?
Si bien existen límites que un menor nunca debe traspasar, también existen normas o pactos en la convivencia diaria que deben poder ser cuestionados por parte de las niñas y los niños.
Se debe darles la oportunidad de que manifiesten su voluntad y de validar si lo que dicen es aceptable o no.
Los expertos señalan que tanto las madres como los padres de familia no deben centrar la conversación hacia lo bien o mal que se han portado, sino hacia los hechos. Porque portarse bien o mal es un juicio moral de los adultos.
Pasar tiempo con ellos y prestar atención a sus necesidades es esencial.
Es importante que el tiempo juntos sea un tiempo de calidad y no de cantidad, eso marca la diferencia.
Dedica ese tiempo a escucharlos, a tener en cuenta sus opiniones. Los recursos emocionales y comunicativos de los padres son esenciales para educar a niños que, en lugar de obedecer sin más, sientan que los adultos confían en ellos.
Te podemos asegurar que serán personas más autónomas y con una mejor gestión de sus emociones.