Subir el volumen de la televisión, pedir constantemente que repitan una frase o tener dificultad para seguir una conversación en un lugar ruidoso pueden parecer situaciones cotidianas. Sin embargo, también pueden ser algunas de las primeras señales de que nuestra capacidad auditiva está cambiando.
La pérdida de audición no ocurre únicamente durante la vejez. La exposición frecuente a sonidos intensos, ciertas enfermedades, factores hereditarios y el propio envejecimiento pueden afectar progresivamente nuestra capacidad para escuchar. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2050 cerca de 2,500 millones de personas podrían presentar algún grado de pérdida auditiva, mientras que más de 700 millones podrían necesitar algún tipo de rehabilitación.
¿Por qué comenzamos a escuchar menos?
Dentro del oído interno se encuentran pequeñas células especializadas que permiten transformar las vibraciones del sonido en señales que posteriormente interpreta el cerebro. La exposición repetida a ruido intenso puede dañarlas y provocar pérdida auditiva inducida por ruido.
El Instituto Nacional de la Sordera y Otros Trastornos de la Comunicación de Estados Unidos (NIDCD) señala que entre las principales causas de pérdida auditiva se encuentran el ruido, el envejecimiento, algunas enfermedades y factores hereditarios.
El daño puede aparecer después de un sonido extremadamente fuerte, como una explosión, pero también de manera gradual después de años de exposición a música a volumen elevado, conciertos, maquinaria o ambientes constantemente ruidosos. Mientras la exposición y la intensidad del sonido sean mayores, también lo será el riesgo de daño para nuestros oidos.
Aunque suele creerse así, no se trata únicamente de un problema de adultos mayores. La OMS estima que más de mil millones de jóvenes de entre 12 y 35 años están en riesgo de sufrir pérdida auditiva permanente debido a prácticas de escucha poco seguras.
Volumen y tiempo, factores de riesgo
El riesgo de dañar nuestra capacidad auditiva no depende de un nivel de volumen específico, sino de qué tan fuerte y constante es el sonido al que nos exponemos.
La OMS señala que una persona puede exponerse aproximadamente a 80 decibeles durante 40 horas por semana, mientras que a 90 decibeles el tiempo considerado seguro disminuye a cuatro horas semanales.
¿Cómo evitar la perdida auditiva?
Existen pequeños cambios que pueden ayudarnos a proteger nuestros oídos, como:
Reducir el volumen y tiempo de exposición a sonidos en audífonos.
Evitar la exposición continua a sonidos intensos.
Hacer pausas auditivas después de conciertos o ambientes ruidosos.
Utilizar tapones o protección auditiva cuando sea necesario.
Alejarse de bocinas y fuentes directas de sonido.
Evitar introducir objetos o cotonetes dentro del canal auditivo.
¿Cómo saber si estamos perdiendo audición?
La pérdida auditiva progresiva puede pasar inadvertida porque el cerebro se adapta poco a poco al cambio.Sin embargo, estas son algunas de las señales que se deben observar:
Pedir frecuentemente que otras personas repitan lo que dijeron.
Sentir que los demás hablan demasiado bajo.
Tener dificultad para seguir conversaciones cuando hay ruido de fondo.
Subir cada vez más el volumen de la televisión, el celular o los audífonos.
Tener problemas para distinguir sonidos o voces.
Experimentar zumbidos frecuentes en los oídos.
Ante estos cambios, una evaluación auditiva puede ayudar a identificar si existe alguna alteración.
Audiometría: evalúa la salud de tus oidos
La audiometría es una prueba que mide cómo se encuentra la capacidad de escuchar, mediante la reproducción de sonidos a diferente intensidad de decibeles. Los resultados se representan mediante un audiograma, en el cual se muestran los niveles de audición en distintas frecuencias.
Más que esperar hasta que escuchar se vuelva complicado, realizar una evaluación puede ayudar a establecer un punto de referencia de nuestra salud auditiva y detectar cambios que quizá todavía no son evidentes en la vida cotidiana.